Por primera vez en casi cinco siglos, la Iglesia de Inglaterra eligió a una mujer como su líder: Sarah Mullally, de 63 años, será la primera Arzobispa de Canterbury, el cargo más alto dentro de la institución y considerado jefe espiritual de la Comunión Anglicana mundial.
Mullally, clériga número 106 en asumir la posición, será oficialmente confirmada en enero en la Catedral de Canterbury.
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Sarah Mullally llega tras un período de crisis en la Iglesia.
El Arzobispo de Canterbury no solo guía a millones de feligreses, sino que también desempeña un papel clave en la vida pública del Reino Unido, ocupando un asiento en la Cámara de los Lores, participando en debates políticos y asistiendo a eventos de relevancia nacional.
Tras su nombramiento, Mullally aseguró sentir “paz y confianza en que Dios la guiará” frente a la “enorme responsabilidad” que representa el cargo.
Mullally llega tras un período de crisis en la Iglesia. El puesto estuvo vacante casi un año después de que Justin Welby renunciara por la mala gestión de un escándalo de abuso sexual infantil relacionado con John Smyth, cuya impunidad provocó un debate nacional sobre la necesidad de reformas dentro de la institución.
La nueva arzobispa ha destacado como pionera: en 1999 alcanzó el cargo de jefa de enfermería más joven de Inglaterra y en 2018 se convirtió en la primera obispa de Londres.
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Defensora del feminismo y de la inclusión, presidió organismos que guiaron decisiones sobre la bendición de matrimonios entre personas del mismo sexo y se mostró comprometida con causas sociales, visitando comunidades vulnerables y apoyando servicios de cuidado paliativo.
A pesar de las divisiones dentro de la Iglesia, Mullally asegura que afrontará los desafíos con firmeza, abordando debates éticos y sociales que van desde la libertad religiosa hasta la asistencia a personas con enfermedades terminales.
Su elección marca un momento histórico y simboliza una apertura de la Iglesia hacia la igualdad de género y la modernización de su liderazgo.
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