Irán enfrenta una crisis social y política sin precedentes, con protestas que se han propagado a las 31 provincias del país, mientras el gobierno mantiene un bloqueo total de internet desde el jueves.
Las movilizaciones, iniciadas hace 13 días en el Gran Bazar de Teherán por el descontento ante la devaluación del rial y los altos precios, han escalado exigiendo incluso el fin de la República Islámica establecida en 1979.
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Las protestas en Irán han dejado al menos dos mil detenidos.
Según la organización Derechos Humanos en Irán (IHRNGO), con sede en Oslo, las protestas han dejado al menos 45 muertos, incluidos ocho menores, y más de 2 mil detenidos.
Las fuerzas de seguridad y la Guardia Revolucionaria han empleado gas lacrimógeno y munición real en algunas ciudades, mientras en otras los manifestantes lograron repeler la intervención policial.
En Mashhad y Abadan, por ejemplo, los ciudadanos enfrentaron a las autoridades hasta lograr su retirada.
En Isfahán, se incendió el edificio de la televisión estatal, mientras que en barrios de Teherán se reportaron ataques a mezquitas.
El presidente estadounidense Donald Trump advirtió que intervendría si la represión deriva en un derramamiento de sangre, mientras que las autoridades iraníes culpan a Estados Unidos e Israel de instigar los disturbios.
El líder supremo, Alí Jamenei, acusó a Washington de tener “las manos manchadas de sangre” y advirtió que Teherán “no cederá” ante los manifestantes.
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El bloqueo de internet, denunciado por NetBlocks, dificulta la cobertura de los hechos y la comunicación de los ciudadanos, una estrategia que Teherán ya aplicó en crisis anteriores.
La crisis económica, agravada por las sanciones internacionales y la mala gestión interna, ha hundido el poder adquisitivo de los iraníes y ha intensificado la indignación popular.
Los gremios de mercaderes y otros sectores continúan sus huelgas, mientras el país permanece virtualmente “offline” y sumido en la tensión.
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